Historia de Sitio de Calahonda

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Con motivo del 50 Aniversario de nuestra Urbanización, hemos compilado un libro que puede descargar en PDF, gratis. Incluye la presente información y muchos otros importantes testimonios históricos.

 

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Por Juan de Orbaneja (urbanizador).

A la historia de la urbanización Sitio de Calahonda le ocurre lo que a casi todas las historias que se centran en personas o en grupos humanos relativamente reducidos: que tan pronto pueden ser tomadas como ‘prototipos’ o, a la inversa, ser consideradas como algo único e irrepetible.

En realidad, la diferencia está en el enfoque, en el propósito del que escribe la historia. Yo no tengo la menor intención de escribir la historia para encarrilar al lector hacia determinadas conclusiones. Creo, pues, que en algunos sentidos Calahonda puede considerarse muy especial, en tanto que en otros aspectos su desarrollo ha sido muy similar al de muchas otras urbanizaciones de la Costa. Lo que sí es verdad es que para mí ha sido una experiencia única, en la que se vió involucrada toda mi familia y a la que he dedicado gran parte de mi vida. No tengo por qué negar el orgullo que me produce haber participado de un modo protagónico en el desarrollo de esta gran urbanización -grande por su tamaño pero también por su éxito y sus cualidades- y, de esa manera, haber hecho una contribución al desarrollo de toda la Costa del Sol.

En cierto modo Calahonda -que ese es el nombre histórico de la zona, limítrofe entre la costa de Mijas y la de Marbella- puede verse como un tema muy específico, sin parangón. No ha sido normal, por ejemplo, que los propios urbanizadores hayamos autolimitado la edificación y que, en vez de levantar doce alturas, como legalmente pudo hacerse, hayamos puesto un tope de cinco plantas. Tampoco es frecuente que un proceso urbanizador comience, se desarrolle y culmine de un modo diáfano, sin grandes conflictos entre grupos, familias o intereses contrapuestos.

orbanejaSin embargo, Calahonda puede verse en otros aspectos como un caso bastante similar al de otras grandes urbanizaciones del litoral malagueño en cuanto a que todos hemos sido pioneros de lo que es hoy un gran centro turístico mundial. Los que hemos venido de otros lugares hemos echado profundas raíces en Málaga y le hemos dado un sentido creativo a nuestro trabajo. Ninguno de los urbanizadores “históricos” ha obtenido, por su contribución a este emporio fundado en la Costa del Sol, fortunas inmensas ni se ha dedicado a multiplicarse en negocios lejanos.

Un compañero de estas cuatro décadas de vicisitudes hacía balance, hace unos pocos años, de su esfuerzo urbanizador, y concluía que aquellas inversiones iniciales, puestas a ‘trabajar’ en los circuitos del dinero, seguramente le hubieran redituado al menos cuatro o cinco veces más beneficios. Y acotaba que ese probable fruto lo hubiera logrado mientras permanecía leyendo en una tumbona de la playa, en vez de haber vivido en constante agitación y zozobra, tanto por los incontables problemas que han surgido durante esta prolongada aventura urbanizadora como por la gran tarea suplementaria de gestionar, convencer y hasta presionar ante los distintos niveles de la Administración para poder concretar los avances imprescindibles para que la Costa del Sol cobrara existencia real. Sin embargo, tanto él como yo y muchos otros, hemos elegido dedicar nuestra vida a este trabajo y la satisfacción de ver en pie la obra realizada hace un gran peso en el otro platillo de la balanza y equilibra los esfuerzos, las inquietudes y las situaciones, por momentos hasta dramáticas, que hemos vivido.

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