Historia de Sitio de Calahonda

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van-dulkenPersonalmente, puedo decir que me tocó asumir el protagonismo a partir de 1966, hace ya más de un cuarto de siglo, periodo durante el cual Sitio de Calahonda nació, se desarrolló y llegó a su cenit: En 2002 se completó la venta de parcelas, lo que hizo que en las 280 hectáreas originales de la finca se haya desplegado un centenar de pequeñas urbanizaciones. El que ideó y fundó la urbanización fue mi padre, Don José de Orbaneja, quien llegó aquí en 1963 y compró la extensa finca -en realidad, la unión de dos fincas- a sus anteriores propietarios, los hermanos Gerardo, Enrique y Elvira Vandulken. Para sacar adelante un proyecto tan ambicioso contaba con una experiencia anterior que fue de fundamental importancia: El desarrollo de un proyecto similar en una enorme extensión de 600 hectáreas, Segur de Calafell, situada en la Costa Dorada de Tarragona.

Mi padre llegó a Málaga con la idea precisa de urbanizar una extensión amplia de terreno, confiado -y el tiempo le dio con creces la razón- en el auge de esta zona.Lo más destacado de aquella finca era la Casa-Fuerte de Calahonda, a la que se accedía por un carril que se iniciaba en la nacional 340 y que subía por el centro de la finca siguiendo más o menos la trayectoria de lo que hoy es la calle Conde de Jordana. Aquella Casa-Fuerte data de la misma época que las torres-vigía que marcan hitos en toda la costa malagueña.

Aquella Casa-Fuerte data de la misma época que las torres-vigía que marcan hitos en toda la costa malagueña. Si las torres eran los puntos desde donde se daba aviso a la población de invasiones moriscas o incursiones de piratas bere-beres -de día la advertencia la daba el humo y de noche la daba la luz del fuego-, la Casa-Fuerte era un refugio con muros de impresionante grosor y con ‘aspilleras’, aberturas desde las que se podía disparar. Las anchas paredes protegían también de todas las inclemencias del tiempo y dentro de la Casa-Fuerte se preparaban alimentos, disponiéndose de un sitio para almacenarlos. Por otra parte, para poder vigilar la costa sin ser vistos, la edificación estaba “camuflada” entre la vegetación con una pintura ocre en la parte superior, si bien la parte inferior mantenía la tradición de blancura de todos los pueblos andaluces.

Folleto publicitario 1963

Aquella Casa-Fuerte, el lugar que hoy corresponde a El Campanario, fue la construcción emblemática que presidió el desarrollo del Sitio de Calahonda. Bajo ese símbolo, referido a épocas de amenazas constantes, se inició una etapa totalmente opuesta: la de un ritmo creciente de construcciones atrayentes, para convertir el litoral malagueño en tierra de acogida. Esa fue la idea central que puso en marcha mi padre y a la que yo me dediqué con ahinco durante más de un cuarto de siglo. Antes de decidirse, mi padre visitó varias fincas. Su experiencia le llevó a decidirse por Calahonda por la belleza de su zona baja costera, poblada de pinares, y por su orografía que la hacía subir, en suaves escalonamientos, hasta cotas de 300 metros de altura. Desde cualquier lugar en el que vivieran, los futuros habitantes tendrían magníficas vistas al mar. Mientras la familia Orbaneja compraba una parte de los terrenos y aportaba también la urbanización del conjunto, la familia Vandulken aportaba el resto de los terrenos. Por otra parte, mi padre compró también al general Rodríguez de Lecea una finca en la zona de la playa, de unos 120.000 metros cuadrados, de los cuales 40.000 correspondían a la zona ocupada actualmente por Puerto Cabo Pino.

Mi papel como consejero-delegado fue el de consolidar la idea con la que habíamos iniciado el proyecto: Centrar la vida alrededor del Club La Naranja, para crear así un núcleo que permitiera desarrollar y expandir la urbanización desde este centro neurálgico. Para que alguien que lee estas líneas, ya entrado el Siglo XXI, pueda ‘ponerse en situación’, conviene recordar que en aquellos tiempos lo único que existía en la zona era el Hotel Alhamar, uno de los más antiguos de la Costa del Sol. Entre mis primeras preocupaciones –las preocupaciones iban poniéndose en lista de espera-estuvo la de dotar de agua a la urbanización. Al comienzo se perforaron algunos pozos dentro de los propios terrenos de Calahonda, pero el caudal que se obtenía no resultaba suficiente. Una de mis primeras tareas fue bombear agua desde el pozo existente donde está el Parque Infantil hasta un depósito, que se construyó en el sitio que ocupa hoy Monteparaíso, desde el cual se distribuía a la primera fase del futuro complejo. Como el agua proveniente de los pozos no era suficiente, y en el verano del año 68 la escasez se hizo notar, hubo que traer agua en camiones cisterna.

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