Historia de Sitio de Calahonda

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En 1976 se comenzaron a celebrar misas debajo de los pinos, en el mismo sitio donde se tenía la perspectiva de levantar una iglesia, como efectivamente ocurrió. Cuando el párroco de La Cala de Mijas, D. Rodrigo Cabeza, hizo la propuesta de construir una ermita, se cedió el terreno preciso al Obispado y posteriormente una media docena de propietarios financió la construcción de la que hoy es la Ermita de San Miguel. D. Rodrigo logró una unión cada vez más fuerte entre La Cala y Calahonda y para consolidarla organizó una romería de una a otra población. Al principio llegaba Santa Teresa procesionada en una carroza desde La Cala a Calahonda, donde se celebraba una misa y se comía alrededor de los pinos, trayendo cada familia alimentos preparados en sus casas, en una cantidad que excedía las necesidades propias… De este modo el almuerzo bastaba también para los que se presentaban de improviso. Después se iban formando corros en los que se cantaba y bailaba.

Durante la transición política se negó el permiso para que se pudiera procesionar a Santa Teresa por la carretera nacional, por lo cual la romería se celebraba dentro de La Cala, dejando fuera a Calahonda. Esto dió origen a que se empezara a procesionar a San Miguel por las calles de la urbanización. Y el hecho de que fuera San Miguel quien se convirtiera en patrón de Calahonda nace de que lo era de nuestra familia, que donó a la Ermita una talla que pertenecía a los Orbaneja y que databa del Siglo XIV. Naturalmente, la talla continúa en la Iglesia de Calahonda, que actualmente, bajo la tutela de nuestro nuevo párroco D. Ramón Tejero, se está construyendo una nueva Iglesia de mayores dimensiones, ubicada en el mismo lugar que la anterior. El nacimiento de la Ermita situada en la parte alta de Calahonda fue curioso. Unos ingleses llegaron a la urbanización para rodar una película. Cuando terminaron su trabajo, dejaron un arco en la cima del monte. Fuimos allí con Eduardo Oria y pensamos en aprovechar esa estructura. La idea fue la de construir una Ermita que contara con un espejo que reflejara el sol del atardecer, de tal modo que pudiera verse desde una gran parte de la costa. Cómo no: Más tarde hasta se organizaron romerías que llegaban hasta la Ermita.

Hasta 1970 se puede decir que transcurrió una primera década de ajustes, en la que Calahonda buscaba adaptarse a las demandas de los compradores. Así, se llegó a comercializar parcelas menores que las previstas, a crear una mayor cantidad de servicios para los residentes y a dotar a la urbanización de zonas deportivas. Había que competir con otras ofertas que en ocasiones contaban con fuertes respaldos económicos. Al cabo de más de una década, en 1973, se celebró una fiesta, nacida del entusiasmo y de las muchas ganas de adaptarse al espíritu festivo de Andalucía. El lugar fue el antiguo vivero, que hoy ocupa el Parque Infantil de la Avenida de España. La ‘parrilla’ para la barbacoa fue improvisada y el vino era de garrafa. Por esa necesidad de competir con otras urbanizaciones fue como Calahonda adquirió sus propias señas de identidad, que partían sobre todo de ganar calidad y prestigio gracias a su vocación original de respeto por el entorno. La siguiente década -los años ’70- constituyó el periodo de gran crecimiento y se comenzó a desarrollar la oferta deportiva y de ocio, con pistas de tenis, el club hípico, deportes de vela, etc. En Calahonda Beach fundamos el Club Náutico y se compraron tres optimist y tablas de surf para que los jóvenes pudieran desarrollar sus actividades náuticas preferidas sin salir de Calahonda. Igualmente fue en este periodo cuando se amplió la oferta cultural con exposiciones de pintura y conciertos de música clásica, entre otras actividades, organizadas por mi hermano Iñigo.

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